Se necesitan las finanzas mutualistas

14. jun., 2020

SUEÑOS MUTUALISTAS

Para despues del coronavirus.

Objetivos:

  • Aportar para que  perdure  la conciencia de Solidaridad con los más pobres que ha despertado  la pandemia.
  • Mostar la urgencia de impulsar el Mutualismo como método efectivo para involucrar a los pobres en procesos para su mejoramiento.
  • Reflexionar sobre mis experiencias con la economía solidaria esperando sirvan para estudiosos del futuro,

Texto completo en:

www.dineromutualista.com

 

24. may., 2020

“SOLIDARIDAD” la palabra más repetida durante esta pandemia.

Y yo  siento mucha complacencia, como dicen los jóvenes, “un fresquito”, por esa repetida solicitud de Solidaridad que hacen gobernantes, dirigentes, periodistas, columnistas, predicadores religiosos y muchos  en las redes.   Anhelo que  esta pandemia sea aprovechada para “contagiar”, sí contagiar  con  Solidaridad nuestra cultura, en lo familiar, comunitario y político. Llegó el momento para aceptar que somos la Gran Familia Humana y que tenemos el reto de superar, no solo esta pandemia, sino otras que vienen desde el pasado como el deterioro del medio ambiente, el egoísmo entre personas, pueblos y naciones, el desempleo, la miseria, la ignorancia, el despilfarro, la drogadicción. Y para lograrlo se necesita mucha, muchísima Solidaridad.

La Solidaridad tiene dos modalidades y ambas indispensables:

  • La solidaridad de caridad, beneficencia, o filantropía que es ejercida por los que tienen bienes, son generosos y deciden ayudan a otros que carecen de bienes, padecen pobreza, tragedias o dificultades. Ha sido ampliamente difundida por las religiones que la promueven como donaciones individuales y que se puede plasmar en empresas de economía social o colaborativa como fundaciones o corporaciones
  • La solidaridad mutualista o de ayuda recíproca parte de la unión de grupos o comunidades, que  conscientes de la inminencia de los riesgos del vivir, se organizan para prevenirlos y enfrentarlos mediante ayuda recíproca. Se materializa cuando un grupo o comunidad es consciente de que en forma individual las personas no puede solucionar sus problemas, entonces se unen aportando esfuerzos y recursos para crear empresas de economía solidaria: mutual, cooperativa, fondo de empleados, asociación y otras.

Todos  deberíamos ser solidarios en las dos modalidades: de un lado  dispuestos a ayudar y a compartir con los pobres y necesitados, y de otro dispuestos a asociarnos con los demás para crear sistemas de prevención de riesgos, de servicios y apoyar procesos de bienestar y mejoramiento en las comunidades a las que pertenecemos.

La Historia muestra que se ha pregonado más la solidaridad caritativa porque las religiones la han valorado como medio seguro para ganar el cielo o trascender a otras vidas después de la muerte. Por fortuna estas creencias han ayudado al proceso de humanización, sensibilizado la especie para abandonar la barbarie y la crueldad y adoptar la compasión, la hermandad, el altruismo, aunque siempre con la pervivencia de guerras, dominación, exclusión. Por fortuna en todas las épocas, miles de hombres y mujeres se han dedicado servir a los necesitados para rescatarlos de la esclavitud, la  pobreza o aliviarles las calamidades. Son los santos o los héroes cuyo ejemplo induce a la admiración y constituyen ejemplo de los valores humanos que nos deben caracterizar como especie. En mi libro. “Por la ruta del Mutualismo y del Dinero” dedico dos capítulos a exaltar personas que a pesar de la guerra mantuvieron el valor de la compasión y otros que soñaron con un mundo sin pobreza.

La evolución de los humanos ha sido muy desigual porque ciertos países y grupos han tenido más habilidad para acumular y en gran medida lo hicieron mediante dominación y explotación. Entonces las religiones han tratado de aminorar situaciones de extrema pobreza promoviendo la solidaridad caritativa. Hasta hace unos 200 años, cuando se empezó a instaurar la democracia y los estados iniciaron políticas de seguridad social, fueron las comunidades religiosas las que se encargaban de la asistencia a los pobres en salud y educación. Los gobiernos modernos han asumido políticas de asistencia social, que seguirán siendo insuficientes para cubrir toda la población necesitada, o sea que queda inmenso espacio de acción para acciones y empresas de solidaridad caritativa.

La solidaridad mutualista fue una práctica natural que acompaño a los humanos cuando nómades vagaban por las selvas en grupos de familias, apoyándose para conseguir la subsistencia y defenderse de las amenazas de las fieras. Al llegar el sedentarismo se avanzó a lo que llamamos civilización, viviendo congregados en ciudades y pueblos. Surgieron las desigualdades porque los que tenían mayor capacidad de acumulación crearon monarquías que dominaban y explotaban a los esclavos y a los más pobres. Entonces los esclavos y pobres apelaron a la solidaridad mutualista, se unieron e idearon organizaciones para protegerse,  empezaron por ayudarse en la muerte, que es tal vez la dificultad más temida por nosotros los humanos. ¡Y sino veamos cómo hoy nos está asustando el cornavirus! Dado que ha sido mínimo el interés por conocer las organizaciones de los pobres como las mutuales, a pesar de que en muchos países han existido y en Colombia han tenido larga tradición en barrios populares, es general la ignorancia sobre cómo opera la solidaridad mutualista, a pesar de que originó los procesos culturales y políticos que iluminaron pensadores sociales para idear la democracia como sistema de gobierno. Un estado democrático está concebido como una Gran Mutual porque asocia ciudadanos que aportan esfuerzos y recursos para convivir en paz en un territorio.

Hoy en el mundo se está viviendo una calamidad que requiera mantener e incrementar las dos modalidades de solidaridad, tanto la caritativa como la mutualista. Veamos:

La caritativa porque las desigualdades existen y se van a acentuar. Personas pudientes y empresas privadas, bien por humanismo y sensibilidad, o por exigencias tributarias, han creado organizaciones filantrópicas, colaborativas o de asistencia. Y es innegable lo importante y benéficas que han sido y lo que están siendo en estas circunstancias. Por eso es deseable que la solidaridad caritativa siga y se mantenga. Es muy positivo conocer de cantantes y futbolistas de éxito hablar de sus fundaciones, igual que a empresas capitalistas promover la responsabilidad social.

Y también es indispensable la solidaridad mutualista porque es una convocatoria para que las comunidades, no necesariamente las más pobres, ya que todos los grupos humanos tienen que unirse para solucionar las dificultades que les afectan. Dificultades que no son solo la muerte, también salud, ahorro, crédito, empleo, medio ambiental, agua, comercialización, producción transporte, recreación y muchas más. Me alegra cuando escucho a los dirigentes pedir, y ahora con las medidas de confinamiento, apelar a la solidaridad mutualista. La frase: “yo me cuido, tú me cuidas, nosotros nos cuidamos”, es síntesis completa de solidaridad mutualista.

Incentivar la Solidaridad en sus dos modalidades requiere educación.  Se precisa arraigar en el sentir y actuar de las personas valores humanos de compasión y de hermandad. Y hay que avanzar en los valores para la solidaridad mutualista, que además de los anteriores, precisa inculcar disposición para el compromiso comunitario, la participación, la organización, la autogestión. Si bien es cierto que en situaciones de calamidades y pobreza la solidaridad caritativa es necesaria, no es conveniente que las personas se acostumbren a recibir sin contraprestación, hay que inducilas a asumir deberes como sujetos que son de su propio mejoramiento, lo cual es la esencia de la solidaridad mutualista.

En la economía son bien diferenciados los dos sectores solidarios: el caritativo y el mutualista. Lo ideal es que ambos se involucran como actores esenciales en el objetivo de avanzar hacia una Civilización Solidaria que es lo que esta pandemia nos está demostrando como urgente y necesario.

16. ene., 2020

MUTUALISMO, POBREZA Y EL 2020

Anhelos, opiniones y sugerencias en torno a la preocupación que he mantenido durante mi ejercicio profesional de Socióloga, han sido porque el  Mutualismo  sea reconocido como doctrina útil para  ayudar  a  aliviar las penurias de los más pobres.

En Colombia se están iniciando nuevas administraciones en departamentos y municipios, las cuales deben estar implicadas con los Objetivos del Milenio y entre ellos está el reducir la pobreza  Entonces me pregunto: ¿en la nueva década que inicia este 2020 sí llegarán reales soluciones para los pobres?

Hay que reconocer que ha habido avances, pero se necesitan más, muchos más, porque aún quedan amplios sectores padeciendo múltiples carencias que les  condenan a muchos sufrimientos. Los medios de comunicación, difunden imágenes de poblaciones que han solucionado las necesidades básicas, -lo que es positivo-, como también imágenes de opulencia y despilfarro que suscitan al resentimiento y hasta provocan la violencia.

En general, eliminar la pobreza ha sido un anhelo latente en la evolución humana, aunque con diferentes énfasis en los periodos históricos, porque en el pasado se consideró la pobreza como propia de  la vida de los pueblos y hasta la riqueza como el beneficio que Dios otorgaba a sus predestinados.

Por fortuna  se ha impuesto la democracia, así aún no sea ni perfecta ni aún extendida, pero cuando una nación elige como forma de gobierno la democracia, asume el imperativo ético y político de eliminar la pobreza, en un proceso continuo de avanzar  con soluciones económicas, políticas y  educativas

Precisamente en el anhelo latente de eliminar la pobreza, se concibió la Economía Solidaria, como un sistema doctrinario y empresarial, que convoca a la asociatividad para impulsar a grupos y comunidades carentes de bienes o servicios a gestionarlos para su propio mejoramiento.  Por ello pobreza y economía solidaria están interrelacionados y con mayor razón  con el Mutualismo que es la inspiración de las todas las formas asociativas y  que para Colombia y Medellín  ha sido de mucho arraigo popular.

Quisiera con mis anhelos, opiniones y sugerencias, publicados en este blog, influir en las nuevas generaciones que están asumiendo los liderazgos políticos y administrativos, -tan críticos que son del legado de las anteriores generaciones-, y que están tan empoderados por recibir la revolución tecnológica que les permitirá más innovación, más productividad y más agilidad en las  comunicaciones y que ojalá sepan utilizar para de verdad eliminar la pobreza.

Así como las orquídeas esparcen sus semillas dejando que el azar de los vientos las lleve a un lugar apto para geminar, es posible que mis pensares sobre el mutualismo y los pobres sean recibidos por algunos jóvenes influentes del futuro y que lo valoren y difundan como parte del patrimonio ideológico de la humanidad, el cual siempre tendrá vigencia porque es parte de la realización del AMOR, ese sentimiento que nos eleva a la condición de humanos. Y claro que hay que seguir innovando, como tanto se le exige hoy a la juventud, pero que no olviden que el AMOR será eterno como lo expresa la siguiente canción.

Allá cuando los siglos apenas eran días,

Allá cuando la luna empezaba a brillar

Las cuatro viejas letras de tu adorable nombre

Ya las gritaba el viento, la selva y el mar

Amor gritaron todos cuando nació la vida

Amor gritó la luna cuando empezó a brillar

Amor entre las gentes, amor entre las fieras

Amor es lo que el tiempo jamás podrá cambiar

(Canción del programa: Las clásicas del Amor”)

9. dic., 2019

Hay que seguir difundiendo el Mutualismo

Para que se cumpla que: “Queremos verlos desempeñándose en cargos desde donde podrán coser las hojas despegadas de este cuaderno llamado Colombia, sin olvidar que el cuaderno es de todos, que no todo se logra de la noche a la mañana y que nadie tiene derecho a acabar con lo mucho o poco que tenemos”  

A LA GENERACIÓN QUE NACIÓ SIN MIEDO

Por Elbacé Restrepo

Publicado en El Colombiano

Domingo, 8 de diciembre 2019

Esta reflexión surge después de la muerte de Julián Andrés Orrego Álvarez, el estudiante que perdió la vida en las afueras de la Universidad de Antioquia durante la jornada de protestas del lunes pasado.

Como madre de dos hijos en edades similares, que desde su quehacer han conocido de cerca las injusticias sociales, la muerte de Julián no me es indiferente. Y por ello me otorgo el derecho a escribirles, desde mi corazón, una cantaleta amorosa de mamá.

Sé que tenemos un país descuadernado, con muchos asuntos sin resolver, que hay desajustes de calidad y cobertura en salud y en educación; que nuestras condiciones laborales no son las mejores; que la distribución de la riqueza es inequitativa; que la corrupción y la impunidad han causado estragos y que la inconformidad ha llegado al límite para muchos. Pero ustedes, que todo parecen saberlo, saben también que no todas las formas de protestar son válidas y que no todos los que protestan lo hacen a conciencia ni por convicción.

Me alegra que la generación que nació sin miedo, como ustedes se autoproclaman, no sea insensible frente a los problemas y las soluciones del país, pero no pierdan los límites. ¿Saben que era un Kamikaze? Un avión del ejército japonés con tripulación suicida que en la Segunda Guerra Mundial se estrellaba voluntariamente cargado de explosivos contra el objetivo enemigo. Que un muchacho de apenas 22 años pierda su vida explotado por su propio morral, enardecido por la paranoia, no resiste ningún análisis. ¿Acaso no hemos aprendido nada de No nacimos pa semilla, Rodrigo D, no futuro, y El pelaíto que no duró nada? ¡Por favor!

Si están tan seguros de que son capaces de cambiar el país y ajustarlo a mejores condiciones para todos, empiecen por cambiar sus formas de “lucha”. Si es verdad que quieren la paz, llenen sus morrales de argumentos, no de artefactos de ataque como si fueran para la guerra.

Nadie, por más referente que sea de una multitud frenética, merece ofrendas de vida, ni ninguna causa merece la muerte. No, muchachos, los necesitamos vivos, reivindicando sus derechos y cumpliendo con sus deberes, con respeto por las instituciones y por los bienes públicos y privados; apoyados en consignas alegres, luchando por sus ideales hasta que el cansancio los venza y puedan volver a casa sanos y salvos, permitiendo que quienes no marchan también puedan hacerlo. Luchar por el pueblo atacando al pueblo no tiene sentido.

Queremos verlos desempeñándose en cargos desde donde podrán coser las hojas despegadas de este cuaderno llamado Colombia, sin olvidar que el cuaderno es de todos, que no todo se logra de la noche a la mañana y que nadie tiene derecho a acabar con lo mucho o poco que tenemos.

Me despido con una recomendación maternal: Que el privilegio de haber nacido sin miedo no les nuble el sentido común, que alcancen los sueños y que mueran de viejitos. “La vida es sagrada” tiene que ser mucho más que una arenga de manifestación pública o una etiqueta de redes sociales.